Las leyendas urbanas atribuyen a las mujeres una sorprendente capacidad de hacer varias cosas a la vez, lo que se conoce como capacidad para la multitarea. Es bien sabido que la mayoría de las féminas somos capaces de quitarnos el abrigo al entrar en casa mientras, de un puntapié, ponemos la lavadora y corregimos exámenes al mismo tiempo. En cambio, esa capacidad no parece ser propia de la condición masculina (con excepciones, oiga, yo me sé de uno que prepara el caldo mientras hace el planning de la semana con total soltura. “Pero qué maravilla de hombre”. Lo siento chicas, yo lo vi primero…). Leer el resto de esta entrada »

El polluelo es pequeño, redondito, barrigón e indefenso. No entiende de reloj ni de lógica mundana. Mira sin ver, con los ojos grandes apuntando a no se sabe dónde, y abre mucho la boca para morderse los puños cuando tiene hambre.  Busca un olor, un sonido, una caricia. Es patoso y torpe, pero cuando come, se coge fuerte de la mano como si no quisiera soltarse nunca y desprende un calorcito que le hace sudar las plumas del cogote.  Te mira sin ver y sabes que en ese momento en que cruza su mirada con la tuya se para el tiempo. Se estira, bosteza y se te pega al cuerpo buscando calor. Se enfada y sonríe a la vez, estornuda, cierra los ojitos y se duerme en el brazuelo pensando que, aunque su madre no lo haga tan bien como desearía, lo daría todo por su polluelo, por mi polluelo.

El tercer trimestre del embarazo es el periodo anterior al chupinazo final y, según los entendidos, el peor. Es la época de los cambios físicos acelerados y los dolores  musculares generalizados. En el mejor de los casos, tus dimensiones  barriguiles se multiplican por dos o por tres  (incluso semanalmente) y descubres que, además de caminar como Fraga cuando te levantas de la cama, los dedos de los pies son muy útiles para coger un calcetín cuando se te cae al suelo.  Hay que resignarse amiguitas: entrar y salir del coche con glamour ya es imposible, como también lo es girarte con dignidad en la cama cual ninfa del bosque… Leer el resto de esta entrada »

El segundo trimestre del embarazo es, según los entendidos  que todo lo saben (comadronas, ginecólogos, tocólogos y expertas  varias por experiencia acumulada), el momento de máxima plenitud, un momento que debes aprovechar, cual oasis en el desierto, porque es probable que no vuelva a repetirse en lo que te queda de periplo.  Así que hay que vivirlo a tope, como la noche ibicenca. Pero, amiguitas, ¿es eso cierto? Leer el resto de esta entrada »

Contigo (Madrid, Aguilar, 2009) es el último libro de Ángel Gabilondo, catedrático de metafísica en la Universidad Autónoma de Madrid y ministro de educación. Se trata de un libro organizado en forma de textos breves, que hay que saborear a pequeñas dosis, como los buenos vinos. Leer el resto de esta entrada »

Por aquello de tener dominada, por lo menos, la teoría, últimamente han llegado a mis manos algunos de esos libros que típicamente se conocen como “guías para padres”. En ellos, los expertos dan todos los consejos del mundo sobre las distintas facetas que implica la árdua tarea de traer un niño al mundo. La autoayuda aplicada al biberón, vamos. Leer el resto de esta entrada »

Con la inminente llegada de la Navidad (aunque si lo pensamos bien, parece que los comercios van con el horario de Melbourne, porque hace tres meses que a ellos ya ha llegado), a la gente le invade el espíritu consumista y se lanza a los centros comerciales para fulminar la tarjeta (los que no la tengan ya fulminada por la crisis) y levantar el país  reactivando el consumo. Y, entonces, nos asalta la eterna duda: ¿qué compro? No hay época más propicia que estas fiestas para recibir regalos inútiles. Leer el resto de esta entrada »

Los hay fanáticos de la tecnología, que se compran los últimos aparatos punteros al minuto de salir en el mercado; los hay fanáticos de los relojes, las joyas, los viajes, los móviles o cualquier otro tipo de objeto. Yo no lo puedo evitar: me chiflan las cosas de escribir, como las agendas, los lápices, los cuadernos o los papeles de diferentes tipos, aunque en un principio me dé hasta pena usarlos. De entre todos los utensilios de escritura, la Moleskine merece un capítulo aparte.

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Después de unos meses fuera de combate (y lo que me queda; véase post anterior), vuelvo a la carga con un libro largamente esperado por todos los seguidores de Henning Mankel: El hombre inquieto (Trad. de Carmen Montes Cano, Tusquets Editores, Barcelona, 2009).  Con este volumen, el autor pone un brillante (a mi humilde entender) punto y final a la serie de aventuras de uno de los detectives más famosos de la literatura negra: Kurt Wallander. Leer el resto de esta entrada »