El polluelo es pequeño, redondito, barrigón e indefenso. No entiende de reloj ni de lógica mundana. Mira sin ver, con los ojos grandes apuntando a no se sabe dónde, y abre mucho la boca para morderse los puños cuando tiene hambre. Busca un olor, un sonido, una caricia. Es patoso y torpe, pero cuando come, se coge fuerte de la mano como si no quisiera soltarse nunca y desprende un calorcito que le hace sudar las plumas del cogote. Te mira sin ver y sabes que en ese momento en que cruza su mirada con la tuya se para el tiempo. Se estira, bosteza y se te pega al cuerpo buscando calor. Se enfada y sonríe a la vez, estornuda, cierra los ojitos y se duerme en el brazuelo pensando que, aunque su madre no lo haga tan bien como desearía, lo daría todo por su polluelo, por mi polluelo.











Tu polluelo es un regalo que nos ha hecho Dios a todos y hace que si cabe nos queramos mas y estemos mas unidos. Y por cierto lo estais haciendo de maravilla los dos, repito de maravilla. Un beso muy fuerte para los tres. Angela
Yo también creo que lo está haciendo muy bien. Es duro si, pero recompensa. El desanimo no es más que un montón de horas de sueño perdidas, cansancio acumulado y un día malo. Ya verás como dentro de poco todo se soluciona y empezamos a verlo todo de color de rosa. Repite conmigo, LO ESTOY HACIENDO BIEN.
Por cierto, ¿quien es el polluelo?
No hay una forma de hacerlo bien o mal, ni mejor ni peor, sino con amor, con dedicación, entrega y con ternura. Yo aún no hablo desde la experiencia, sino de una cita de un Dr. con nombre raro que hace poco leí en un blog con fresas
) Ánimos!
Que bien que vuelvas a escribir!!
Me ha gustado mucho el “relato” , y eso que yo no tengo crios!!
Un beso y hasta pronto