Hoy me he dirigido a una entidad bancaria llamada La Caixa. Llevan mi dinero desde el año 1989 cuando me ingresaron mi primera nómina. He cambiado de sucursal en dos ocasiones y llevo en ésta más de 15 años. Ya sé que no soy un cliente ejemplar que ingresa su nomina de 7.500€ mensuales, tiene dos hipotecas y 18 tarjetas de crédito, ya lo sé. Soy ese cliente fiel que lleva 15 años aguantando de todo sin rechistar y pagando por todo sin alzar la voz. Como decía, hoy he ido a la sucursal a preguntar por cierto malentendido generado con mi tarjeta de crédito. Yo iba convencido de que me llevaría entre tres y cuatro minutos, pero ya sabéis que eso nunca es así.
Al llegar te encuentras a 15 personas haciendo cola para ingresar dinero en la entidad. Parece ser que los 4 cajeros que dispone esa oficina se han quedado sin la opción de ingresar, con sobre y sin él. Bien, hasta aquí todo normal. Me he colocado sigiloso en la cola de “Atención personalizada” ya que mi problema era otro distinto. Esperaba ver a ese director de la oficina simpático que se dirija a mí con una sonrisa mientras me da un buen apretón de manos y me ofrece un asiento en su despacho. Se dirigiría a mí por mi nombre y tuteándome, después de 15 años es normal, me preguntaría “¿Cual es tu problema y cómo puedo solucionarlo? Pues no. Son las 11 h y la gente está almorzando y no se ven más que dos almas en todo el banco, uno en la caja y otra en la dichosa “atención personalizada” que está atendiendo a un señor. Como buen sumiso, espero. De pronto la persona que está siendo atendida parece que acaba y el señor se levanta. ¡Qué suerte la mía! Pensé yo para mis adentros mientras sonreía. Esto será rápido, me dije. Pues no. El hombre se va después de 10 minutos esperando y la mujer que le atendía coge su teléfono y se pone hablar con lo que parece que es otro cliente. Imagino que más importante que yo. De repente una mujer aparece por detrás y me pregunta: “¿Estas esperando?” No señora, espero que saquen baguettes del horno. Muy educado le contesto “Si, estoy esperando“. A los dos minutos empieza a murmurar algo en un idioma desconocido o con voz muy baja. Arrimo la oreja cual cotilla y escuho que está soltando unos improperios dignos de los bajos fondos de cualquier urbe. Se va calentando cada segundo, alzando la voz por momentos hasta que al final se dirige a mí. ¡Mierda, me ha tocado la tarada! Yo soy muy educado para estas cosas y por supuesto le pregunto. “Perdone, decía algo“. Y entonces la mujer de mediana edad suelta de carrerilla una artillería de insultos hacía el banco y sus trabajadores que me dejan sin aliento. Yo asiento con la cabeza y miro hacia atrás a ver cuántas personas de la cola piensan que voy con la loca. Me alegro al ver que todo el mundo pasa de ella y va a lo suyo. Ella continua, pero yo me alejo dos pasos para no escucharla y parece que deja de hablarme. Ella sigue cagándose en todo hijo de vecino, claro está.
25 minutos esperando y la tía no suelta el puto teléfono. Empiezo a dejar la pose de persona tolerante y la miro con cara de sacar un bidón de gasolina y meterle fuego a todo. Vaya,
ha funcionado, se ha levantado y se dirige a mí con aire amable. “¿Has pedido hora?” Me pregunta con un tono irónico señalando con el dedo un letrero que tiene pegado en la puerta donde está su mesa de trabajo que pone “Para atenderles mejor pidan hora aquí o por teléfono“. “Yo solo atiendo si has pedido hora, sin hora no atiendo a nadie”, insiste la mujer mientras me señala otra mesa con el dedo. “Ahí puedes pedir hora si quieres”, me dice mientras se da la vuelta y se vuelve a sentar. Al mirar al lugar desconocido, me encuentro que hay una chica, que cuando yo entré estaría desayunando, que está atendiendo a unas personas. Me coloco en la puerta y una mujer me dice por detrás. “Chico, estamos esperando también, deberías ponerte a la cola“. Me giro y hay cinco personas esperando para lo mismo que yo. Si chicos, era el momento de sacar el bidón y quemarlo todo, el fuego purificador eliminaría cualquier huella. La señora muy amable me dice, “Pasa tu primero ya que llevas un montón de rato esperando“. Agradezco su gesto dándole las gracias y me siento rápido en la silla, por fin, 35 minutos después.
La chica que se tira a su jefe y no sabe hacer la O con un canuto. Esa, además rubia teñida (perdonar las rubias no tengo nada contra vosotras) y a la que nadie aguanta en la oficina. Ellas la odian por su tipazo de la talla 36 y ellos porque SOLO se tira a su jefe. “¿En qué puedo ayudarte?”, me pregunta. Simpática por lo menos es. Después de tres minutos explicando mi problema me contesta que no tiene ni idea cómo se hace eso. Empezamos mal. Le pregunta al tío de la ventanilla, por decirlo de alguna manera porque ya no son ventanillas. Pero como el tío le ha tirado los tejos 15 veces y ella le ha dado calabazas, pues le dice que no se puede y pasa un poco de ella. El tema, para poneros en antecedentes, es un pago que hice fuera de plazo, pero anterior, amortizando un crédito de la tarjeta. Vamos, que pague antes de lo que tocaba para quitármelo de encima. Después de acelerarme un poco y decirles que eran un poquito inútiles, que me dejarán su terminal y la clave de acceso para hacerlo yo mismo o que me explicaran por qué tenían a tanto incompetente refugiado en la misma oficina, se hizo la luz. Vino otra chica con cualidades que saltaban a la vista en cuanto quitó a la rubia de bote de un sutil golpecito en el hombro, se puso a teclear en el teclado y con voz muy insinuante me dijo, “Esto que dices se puede hacer sin problemas“. Miró al “capullo” de la ventanilla, por la mirada que le hecho es lo que seguro pensaba de él, e hizo callar a la rubia que intentaba explicarle qué es lo que yo le había explicado a ella, todavía no lo había entendido. Muy eficaz y solucionó mi problema en un minuto. Como creo que debería ser siempre.
45 minutos despues, tres tarjetas dadas de baja y las libretas a cero, es el final de esta relación con la entidad La Caixa. Han sido tiempos maravillosos, pero han llegado a su fin. Me ha costado “mi error”, según ellos, 35€ en comisiones y 18€ en intereses por el retraso del pago que hice ocho días antes del día que tenían que cobrarlo. La pregunta que me hago es: ¿Todos los bancos son iguales? Yo creo que sí. En el BBVA también tengo alguna anécdota que estuvo a punto de acabar con fuego purificador. Tienen nuestro dinero, nos cobran por todo y cuando vas a la oficina te tratan como si fueras un ladrón que viene a robarles. ¿No es tu dinero? ¿Simplemente nos lo guardan verdad? No, son los dueños y les molesta muchísimo que quieras sacarlo, por eso te penalizan cuando lo haces. Al final tendremos que volver a guardar los dineros debajo del colchón, como antiguamente. Ahí sabes que si metes 100€, cuando vas a sacarlo hay 100€. En el banco metes 100€ y cuando vas a sacarlo hay 65€. Ya se sabe, Mantenimiento (los desayunos de los empleados) y Comisiones (los desayunos de los jefes). En este país los ladrones son los bancos y estaría muy bien si volviéramos a los tiempos del viejo Oeste, cuando robaba Jesse James a esa panda de usureros. No dicen aquello de… quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón…

Jeje, no sabía si tomármelo como un guión para una película de Santiago Segura o no.
jeje, Me he reido un rato, pero por desgracia es un guión que todos hemos tenido que sufrir (y cada vez más). Mi suegro era director (de los antiguos de Caixa Barcelona) y ya cuando se fusionaron con La Caixa, me contaba cosas que iban de mal en peor. Recuerdo como si fué ayer que allá por el año 96 aprox me dijo que “llegaría un momento en que pagarías por entrar en una oficina de La Caixa”. No estamos muy lejos, si no ha llegado el día. Yo hace años me dí de baja de todas las cuentas en La Caixa igual que tu por un trámite tonto e insignificante que mi directora no le dió la gana de hacer. Por eso perdió a un cliente que había pagado todo cuando tocaba, Cuentas de más de 30 años de 2 personas, más 4 hijos como posibles clientes, etc, etc.
Yo he conocido gente muy eficientes en todos los bancos e inútiles también. Ahora estoy con uno Caja Madrid que me trata de maravilla y casi no me cobra comisiones por nada. Voy a sacar en La CAixa, y cada vez que veo en pantalla que no habrá comisión alguna por hacer cualquier operación, me sale una sonrisa en mis labios. Creo, que igual, que en otros temas, Vease Apple, yo voy con quien me da el mejor servicio, y AHORA es CAJA MAdrid. ¿De aquí unos años? Ya veremos.
Eso sí. LA CAIXA me ha llamado 2 veces para que vuelva, casi con lágrimas en los ojos. Hasta me ofrecieron un plasma de 42 pulgadas la última vez. Lástima!. Lo tengo de 50. jeje.
Pienso que el poder lo debemos tener los clientes (al menos los que pagamos puntualemte).